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Iba un labrador a visitar sus campos para ver si estaban listos para la cosecha.
Había llevado consigo a su pequeña hija, Luisita.
Mira, papá — dijo la niña sin experiencia— cómo algunas de las cañas de
trigo tienen la cabeza erguida y altiva; sin duda serán las mejores y las más
distinguidas: esas otras de su alrededor,
que la bajan casi hasta la tierra, serán seguramente las peores.
El padre tomó algunas espigas y dijo: — Mira bien, hija mía:
¿ves estas espigas que con tanta altivez levantan la cabeza?
Pues están enteramente vacías. Al contrario, estas otras
que la doblan con tanta modestia, están llenas de hermosos granos.
El sabio y el bueno son humildes: la soberbia es propia del ignorante y del malo.
1ra Pedro 5:5 dice: Jóvenes: estad sujetos a los ancianos; y todos,
sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque:
Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes.
Lecturas complementarias: San Juan 15:8; Santiago 4:6

